¿Por qué la gente se opone a los transgénicos aunque la ciencia dice que son seguros?

La intuición puede alentar las opiniones que son contrarias a los hechos.
Por Stefaan Blancke | 24 de agosto de 2015

GMO foodLos organismos genéticamente modificados (OGM) se han encontrado con una enorme oposición pública en las últimas dos décadas. Muchos creen que los transgénicos son malos para su salud —incluso venenosos— y que dañan el ambiente. Esto ocurre a pesar de la abrumadora evidencia científica que demuestra que los OGM son seguros como alimentos, y que traerán beneficios ambientales al hacer que la agricultura sea más sostenible. ¿Por qué hay tal discrepancia entre lo que la ciencia dice sobre los OGM y lo que piensa la gente?
Sin duda, algunas preocupaciones, como la resistencia a los herbicidas en las malezas y la participación de las multinacionales, no carecen de base, pero no son específicas de los OGM. Por lo tanto, otra pregunta que debemos responder es por qué estos argumentos se vuelven más destacados en el contexto de los OGM.
Recientemente, publiqué un artículo con un grupo de biotecnólogos y filósofos belgas de la Universidad de Ghent, argumentando que las representaciones negativas de los OMG están muy extendidas y son convincentes porque son intuitivamente atractivas.
Al hacer uso de la intuición y las emociones que trabajan en su mayoría bajo el radar de la percepción consciente —pero que son constituyentes de cualquier mente humana— estas representaciones son fáciles de pensar. Captan nuestra atención, se procesan y se recuerdan fácilmente y, por lo tanto, tienen más posibilidades de ser transmitidas y volverse cada vez más populares, aunque sean falsas. Por lo tanto, muchos se oponen a los OGM, en parte, simplemente debido a que tiene sentido que podrían ser una amenaza.
En el artículo identificamos varias intuiciones que pueden afectar la percepción de la gente de los OGM. El esencialismo psicológico, por ejemplo, nos hace pensar en el ADN como la “esencia” de un organismo, un núcleo inobservable e inmutable que determina la conducta, el desarrollo del organismo y su identidad. Como tal, cuando un gen se transfiere entre dos especies lejanamente emparentadas, la gente tiende a creer que este proceso causará que características típicas del organismo originario aparecerán en el receptor. Por ejemplo, en una encuesta de opinión en Estados Unidos, más de la mitad de los que respondieron dijeron que el tomate modificado con ADN de peces tendría sabor a pescado (por supuesto, no lo tenía).
Claramente, el esencialismo desempeña un papel en las actitudes públicas hacia los OGM. Habitualmente, las personas suelen oponerse más a las aplicaciones de GM que involucran la transferencia de ADN entre dos especies diferentes (“transgénico”) que entre la misma especie (“cisgénicos”). Las organizaciones anti-OGM, como las ONG, explotan estas intuiciones publicando imágenes de tomates con colas de pescado o diciéndole al público que las empresas modifican maíz con ADN de escorpión para hacer cereales crujientes.
Las intuiciones sobre los propósitos e intenciones también tienen un impacto en el pensamiento de las personas sobre los OGM. Ellas nos hacen vulnerables a la idea de que fenómenos puramente naturales existen o suceden con un propósito que es pretendido por algún agente. Estos supuestos son parte integral de las creencias religiosas, pero en ambientes seculares llevan a que las personas consideren a la naturaleza como un proceso o entidad benéfica que asegura nuestro bienestar, y que los seres humanos no deben meterse con ella. En el contexto de oposición a los transgénicos, la modificación genética se considera “no natural” y los biotecnólogos son acusados de “jugar a ser Dios”. El término “alimentos Frankenstein” capta lo que está en juego: ir en contra de la voluntad de la naturaleza en un acto de arrogancia, nos deparará enormes desastres.
El desagrado también afecta las actitudes de la gente hacia los OGM. Probablemente, esta emoción se desarrolló, al menos en parte, como un mecanismo de evasión patógena, impidiendo que el cuerpo consuma o toque sustancias nocivas. Rechazamos las cosas que posiblemente contengan o sugieran la presencia de patógenos como fluidos corporales, carne podrida y gusanos. Esto explicaría por qué el asco opera de inmediato: es mejor renunciar a un alimento seguro de consumir bajo una suposición errónea de que está contaminado, que ingerir comida que puede enfermar, o incluso ser letal, pero que se cree erróneamente que es segura. Por eso, el desagrado puede ser provocado por alimentos completamente inocuos.
Los OMG probablemente provocan asco porque la gente ve a la modificación genética como contaminación. El efecto surge cuando el ADN introducido proviene de una especie que generalmente se considera desagradable, como ratas o cucarachas. Sin embargo, ADN es ADN, más allá de su origen. El impacto del asco explica por qué las personas sienten más aversión hacia los alimentos transgénicos que frente a otras aplicaciones de la modificación genética, como la medicina genéticamente modificada. Una vez que surge el desagrado, el argumento de que los OGM causan cáncer o esterilidad, o que contaminarán el ambiente, se vuelve convincente y es usado con frecuencia. El asco también afecta los juicios morales, llevando a la gente a condenar a todos quienes están involucrados en el desarrollo y la comercialización de productos GM. Debido a que la gente no tiene acceso consciente al origen emocional de sus juicios, en consecuencia buscan argumentos para racionalizarlos.
Nuestro análisis cognitivo no pretende desacreditar a priori todos los reclamos anti-OGM. Una aplicación de la modificación genética en particular puede tener efectos no deseados, lo que también puede suceder con un producto de la agricultura orgánica o convencional. Los riesgos y beneficios deben ser evaluados caso a caso, sin tener en cuenta el proceso. Las aplicaciones actuales han demostrado ser seguras. Uno puede discrepar con la participación de las multinacionales o estar preocupado por la resistencia a herbicidas, pero estas cuestiones a veces tienen que ver con cómo se aplica la tecnología GM y ciertamente no aseguran la resistencia a la tecnología y a los OGM en general. Sin embargo, la base emocional e intuitiva de los sentimientos anti-OGM impide que las personas hagan esas distinciones.
El impacto de las intuiciones y las emociones en la comprensión de la gente y las actitudes hacia los OGM tienen importantes implicancias para la educación y la comunicación de la ciencia. Debido a que la mente es propensa a distorsionar o rechazar la información científica a favor de creencias más intuitivas, tan solo transmitir los hechos no necesariamente persuadirá a la gente de la seguridad, o beneficios, de los OMG, en especial si las personas han estado sometidas a propaganda emotiva anti-OGM.
A largo plazo, la educación desde temprana edad y dirigida específicamente a abordar conceptos erróneos podría inmunizar a la población contra mensajes anti-OGM sin fundamento. Otras preocupaciones pueden ser abordadas y discutidas en el contexto más amplio de las prácticas agrícolas y el lugar de la ciencia y la tecnología en la sociedad. Sin embargo, por ahora, la mejor manera de cambiar el rumbo y generar una respuesta pública más positiva hacia los OMG es jugar con las intuiciones de la gente. Por ejemplo, hacer hincapié en los beneficios de las aplicaciones actuales y futuras de los OGM —mejorar las estructuras del suelo, porque los cultivos resistentes a los herbicidas requieren menos o ningún laboreo; aumentar los ingresos de los agricultores de los países en desarrollo, reducir el déficit de vitamina A y la resistencia a la sequía, por nombrar algunos— podría ser el enfoque más eficaz para cambiar la mentalidad de la gente. Teniendo en cuenta los beneficios y promesas de la tecnología GM, este cambio es muy necesario.

SOBRE EL AUTOR
Stefaan Blancke es filósofo de la Universidad de Ghent y co-editor de “Creationism in Europe” (Johns Hopkins UP, 2014). Sus intereses incluyen la pseudociencia y la forma en que refleja intuiciones subyacentes. También ha publicado sobre historia de la ciencia, la comprensión pública de la ciencia y la educación científica, a menudo desde perspectivas evolutivas y cognitivas.

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